Nadal a octavos tras derrotar a Zverev

El tenista español se impuso en un partido épico al joven alemán, mostrando así de nuevo su mejor faceta. El partido duró 4 horas con unos resultados de 4-6, 6-3, 6-7, 6-3 y 6-2. 

Este encuentro marca un punto de inflexión y podemos apreciar que la vuelta del mejor Rafa a la pista es un hecho, ya que Alexander Zverev no se lo puso fácil, pero el de Manacor consiguió salir adelante rumbo a octavos del Open de Australia. 

Tras los partidos anteriores, contra Mayer y Baghdatis, esta era una cita de gran importancia para saber en qué punto realmente se encontraba el balear, que demostró que su rendimiento ha mejorado en los últimos meses. 

El español tiró de experiencia para ir encontrando ángulos y variando alturas que pudiesen comprometer al alemán. Buscó equilibrar el pulso, muy nivelado ya en el tercer set. Ahí es cuando apareció el Nadal más tranquilo, el hombre de la mente de acero. Intentó cortar las alas de su joven contrincante, que tuvo que trabajar muy a fondo para sacar los juegos uno a uno, pero supo aguantar el tipo.

A pesar de que el partido comenzó duro, fue ganando tensión según iba avanzando, y como todos sabemos, el balear se hace grande en las situaciones más difíciles, y en el terreno de la tensión, donde se distinguen a los buenos tenistas de los mejores, Nadal se desenvuelve como nadie. Frente al de Hamburgo, Rafa gana en físico, y supo hacerlo bien aprovechando que poco a poco su contrincante se iba desinflando, llegando a las tres horas y media del partido con calambres en las piernas que le hicieron necesitar asistencia médica. Desde ese punto hasta el final del partido, el alemán se movía con dificultad y con una notable cojera, lo que Nadal aprovecho para atestar el golpe final a su rival. 

Se preguntaban los expertos si Zverev, representante de la nueva era del tenis, que alberga en el todos esos nuevos requisitos para ser el número uno, conseguiría liquidar a Nadal como ya lo ha hecho con Federer y con Djokovic, pero aún no es el momento. Rafa todavía es más fuerte, y el viejo método continúa vigente, el presente todavía es suyo, del hombre que, a sus treinta años, sigue siendo como una roca. 

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