Siempre me ha llamado la atención el trabajo de los futbolistas, personas que viven de un balón que tienen que meter en una red en un campo donde la audiencia se entusiasma por que su equipo sea el que más balones meta. No estoy criticando el deporte, pues me parece bastante respetuoso que, aunque haya mucha más variedad de deportes, este sea uno de los más practicados.
Lo que no termino de comprender es la cantidad de dinero que este deporte mueve, ya sea por los partidos, las aficiones o la publicidad, donde los propios jugadores salen vendiendo colonias o ropa interior. Pero aun comprendo menos por qué jugadores como Messi o Ronaldo, de los más valorados en este deporte y quienes cobran los sueldos más altos, pueden acabar defraudando a Hacienda.
El escándalo vino hace unos años con Messi, quien ya se ha reconocido como el autor de no uno, sino tres delitos fiscales al defraudar 4,1 millones de euros durante los ejercicios 2007, 2008 y 2009 al no haber tributado en España los delitos de 10,1 millones de euros percibidos por los derechos de imagen de ese periodo. A todo esto, las declaraciones del jugador fueron "yo me dedicaba a jugar al fútbol. Confiaba en mi papá y en los abogados que habíamos decidido que nos llevaran las cosas. En ningún momento se me pasó por la cabeza que me iban a engañar". Porque claro, cuando ganas tanto dinero, te da igual las manos que lo controlen.
El caso más reciente es el del jugador madridista Cristiano Ronaldo, pues Hacienda ha reconocido que hay indicios de fraude fiscal entre los años 2011 y 2014, pero no a 8 millones de euros como se había dicho anteriormente, estamos hablando de una cifra mayor, de 15 millones de euros. Y, si los hechos revisten un carácter jurídico penal, se formará una querella antes del 30 de junio iniciando un proceso judicial contra Cristiano que podría acabar en penas de prisión. Este caso quiso haber sido tramitado por la vía administrativa por el hecho de que Cristiano intentó regularizar su situación devolviendo 5,6 millones de euros en 2014. Aun así, la "buena" voluntad del jugador no sirvió de mucho, pues los delitos que se han ido investigando, según la ley, van seguidos de penas de prisión de un año.
Estos son los dos casos más hablados en los medios de comunicación sobre el fraude en el deporte. Personas con un trabajo con buena remuneración, derechos de imagen gracias a la publicidad que les ofrecen las marcas, pero que, al parecer, necesitan más de lo que pueden ganar y, por ese motivo, realizan acciones de este tipo para sobrevivir, aunque eso sí, la culpa nunca es de ellos ya que solo se dedican a jugar sus partidos y el control de su dinero lo dejan en manos ajenas.






